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Natureza e graça

11 de novembro de 2016

Pregunta de profundización: Naturaleza y Gracia ¿Cómo es posible comprender la verdad del hombre, si éste se comprende a partir de su relación con el mundo?

Introducción
Inicialmente, conviene destacar que la relación entre naturaleza y gracia ha sido interés de estudio de muchos teólogos en los varios periodos de la historia cristiana: Patrística, Escolástica, Pos-vaticano, etc.
Todavía no se puede estar seguro que haya una comprensión plena del tema. En efecto, existe mucho camino por recorrer para la teología en este ámbito, por lo cual, este breve trabajo intentará abordar algunas reflexiones principales desde el teólogo Karl Ranher.[1] Además se examinará la controversia sobre la naturaleza pura.
Después se podrá comprender desde el autor que de alguna manera, Dios ofrece y comunica su amor; dicho acto es como su primer y único propósito. Por consiguiente, las demás cosas existen para realizarse tal designio. Y lo más importante, Dios creo al ser humano (cf. Gn 1, 27) como el único ser que puede acoger y hacer fructífera la recepción del amor que es absolutamente exclusivo de Dios.
            El estudio de la relación entre naturaleza y gracia es un tema muy complejo yque afecta la propia constitución de la persona y situación en la sociedad contemporánea, pues: ‘gratia supponitnaturam’. Supone un nexo con el individuo.
            En suma, la Χάρις es esencial para la Σωτηρία, también es una respuesta a las muchas preguntas que tiene el hombre; es un elemento fundamental en la historia de la salvación y en la existencia humana.  Lo que hará surgir como petición: “Dame tu amor y tu gracia, que estas me bastan”.

Debate en cuestión y la postura reflexionada por Ranher
La hipótesis de una creación del ser humano en el estado de naturaleza pura dio origen a varias discusiones y posturas, por endeadmiteque se deba acompañar cuidadosamente el tema para no separar a Dios y la vocación sobrenatural del ser humano. La gratuidad del orden sobrenatural y la vocación a la visio beatifica están presente en la reflexión aquí.
A propósito de los autores que tocan el asunto, Ranher destaca: el deseo natural de ver a Dios en De Lubac[2]considera la naturaleza como un orden posible de las cosas. Después desdobla la naturaleza y lo sobrenatural en dos finalidades paralelas y yuxtapuestas. En efecto, sostiene quela naturaleza no justifica un orden actual y es insuficiente para especificar la gratuidad aquí y ahora del don de Dios y de la visio beatifica, de la κοινωνία con Dios.
Asevera que la finalidad por el cual Dios creó al hombre es algo esencial de su existencia y no es una cosa que puede ser cambiado eventualmente. En particular, el hombre tiene vocación al destino sobrenatural.[3]
            A saber, la visión de Dios es constitutivo del ser humano, como es el hecho de haber sido creado, en este caso, se sostiene el doble don de Dios y la doble gratuidad. Ambos se encuentran unidos en cada persona: la existencia y la salvación.

La naturaleza comprendida desde la revelación
Es difícil analizar de manera absoluta la experiencia del ser humano, ya que siempre será un misterio abierto y comprensible apenas desde Dios. De igual modo, la naturaleza humana solo se explica a los ojos de la fe(ἀποκάλυψις) y se comprende desde lo sobrenatural.[4]Y es esa revelación de la gracia basada en la experiencia de Dios la que después será transmitida según 1 Jn 3:14: “Lo que hemos visto y oído les proclamamos también a ustedes, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. En verdad nuestra comunión es con el Padre y con Su Hijo Jesucristo”.
No obstante, es un designio divino que el hombre sea orientado hacia lo sobrenatural, pues determina la certeza de su naturaleza. Y en ese sentido el argumento de la doble gratuidad de lo sobrenatural y de lo natural queda resuelto.
Por último, la naturaleza no debe ser entendida con el concepto que abarca a todos los demás seres vivos, pues, la paradoja consiste en que el ser humano es naturaleza y espíritu al mismo tiempo, de manera integral.[5]
A su vez, la revelación divina ayuda a comprender la tarea de la gracia en nuestra existencia como hombres, en una dimensión de totalidad.

El amor de Dios como autor de la naturaleza
Evitando cualquier prejuicio y viendo con los ojos de la fe es posible distinguir que la naturaleza es ἔργονde Dios (gratuidad de la creación).[6] En efecto no podemos negar la naturaleza, pues ella es la fuente y compendio de todas las virtualidades que hay en un ser. El hombre recibe de Dios con su entidad la naturaleza humana y queda relacionado con Él como Creador de esta naturaleza. Tal realidad favorece una dialéctica con lo divino.

Gracia como una relación
De hecho, la Χάριςno es concebida como cosa y se diferencia de las demás obras (gratuitas) creadas libremente por Dios[7]; entiéndase aquí sobre todo la gracia como una relación. Dios está comunicándose constantemente con todo hombre por medios diferentes, pues nos quiere hacer partícipes de la filiación divina en Cristo.
Dicho brevemente, todo lo que recibe el hombre es para la realización plena (πλήρωμα) de su esencia[8] porque es un regalo generoso por parte deDios, así como la naturaleza misma. Esencialmente, la vida debe ser observada como una comunicación de amor entre el Creador y las criaturas.
Luego, el ser humano además de su aspecto sensitivo es capaz de formular sus propias ideas basadas en la vivencia originaria de la gracia, incluyendo así una apertura al ἀγάπη de Dios, el tú divino. Simultáneamente, el hombre experimenta el amor de Dios en su ser integral y lo hace estar siempre abierto al otro.

El fin último del hombre
            El hombre como ser en el mundo tiene una vocación a un fin sobrenatural. No existe otra finalidad (τέλος) para toda la existencia concreta más que la filiación divina. Pues, a la esencia concreta del ser humano en el mundo pertenece la llamada a la κοινωνία con Dios y no se conoce un ser humano que no sea interiormente afectado por esta condición. Aunque dicha finalidadpueda ser frustrada (rechazándola) por una decisión libre del ser humano (respuesta).[9]
De Dios proviene también la disponibilidad para actuar como seres agraciados, ya que sin la comunión y visión de Dios real y posible quedaríamos en el vacío o en una vida sin sentido (ὕβρις).
De acuerdo con el análisis de Ranher, es posible afirmar que Dios ofrece a las criaturas un fin sobrenatural, es decir, cada ser humano tiene su propia finalidad, la cual constituye su persona ontológicamente. Después, añade que existe una concepción extrinsecista[10] de la gracia en la actualidad; tal postura ve a la gracia como un añadido, ajeno e indiferente al fin del hombre, entonces, superar eso supondría un gran trabajo para la teología.

Relación entre la gracia y el hombre
En lo que se refiere a la relación entre la gracia y el hombre admitamos primeramente que el hombre necesita de su existencia graciosa.
Después,Dios desea comunicar su infinito amor y por tal motivo creó al hombre (םאד) a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 27-28):el amor en este caso es Dios mismo.[11]Eso mismo es un milagro, un don, un regalo sorprendente.
En realidad,como seres dinámicos fuimos hechos capaces de experimentar, rechazar y aceptar este amor desbordante que vitaliza a todo ser.
Eventualmente, con la realidad delaαμαρτία (cf. Gn 3, 1-24)nos hemos empobrecido y la necesidad de la gracia se extendió. A consecuencia del pecado el hombre quedó privado de los bienes sobrenaturales, también afectando su integridad natural, de manera que solamente con la ayuda de la gracia es posible alcanzar la plena sintonía con Dios.

El concepto de naturaleza
Es necesario recalcar que el concepto de naturaleza (φύσις) designa a la creaturalidad del ser humano, pudiéndose justificar y divinizar a través de la gracia porque también es invitado por Dios (vocación).[12]A su vez, la naturaleza también se relaciona con la elección y con el plan salvífico, en otras palabras, la creación y la salvación son vistas desde la perspectiva de Dios.[13] Posteriormente si la naturaleza fue comprendida como indeterminada desde el ámbito del orden sobrenatural fue para una distinción y no para separación.

El hombre un ser capacitado para la recepción
Tenemos potencia real para recibir (recipere) el amor, la gracia, la visión beatífica, pues tal realidad siempre atrae y llama al hombre. Nos movemos y existimos (cf. Hc 17:28) hacia ese amor infinito. Incluso el pecador condenado tiene que poder sentir realmente este amor.[14]Así la gracia está tan cercana al ser humano, que su naturaleza está orientada por ella. Es Dios mismo el que concede a nuestra naturaleza la posibilidad de conocerle y experimentar su amor. Con toda la realidad que pueda hacernos separar de Dios, igual estará presente aquella aspiración existencial de vivenciar el amor personal de Dios. Igualmente, el hombre puede experimentar conscientemente la recepción y efecto de la gracia. Las concepciones de espiritualidad fruto del contexto eclesial de cada época influyen en determinar qué relación existe entre gracia y naturaleza. En principio el hombre es el único interlocutor que recibe libremente la gracia (con carácter indebido) y con un amor incomparable.

El amor un don libre de Dios
Entiéndase el amor como algo indebido y sobrenatural. En efecto, tal amor divino es un regalo y milagro inesperado,[15]que el hombre después de encontrarse como criatura hecha libremente debe asumir. Así el ser humano siendo consciente y libre ante lo que recibe puede incluso ir contra su naturaleza y dejar de lado el amor.
En suma es Dios el que amó primero (cf. 1 Jn 4:19) Cabe destacar que este amor es necesario e indispensable en todo momento de nuestra existencia. Somos capacitados (no determinados) con su espíritu y podemos amar al otro. Seres amados y amantes simultáneamente. No así los animales.

De la capacidad real en la esencia del hombre para recibir el amor
La vivencia de la esencia (οuσία) real del hombre es su realización.[16]Aunque haya una noción justificada de la naturaleza humana (filosófica), independientemente a la revelación del λóγος. Ahora, obviamente en la concepción cristiana sin la revelación sería imposible descubrir la esencia y finalidad del hombre real, efectivamene, en la revelación lo reconocemos como sobrenatural (teológica).
Pues bien, hay dificultades al conceptualizar la naturaleza humana. Pero aun así, Ranher argumenta que el hombre puede tener experiencia de sí mismo únicamente en el ámbito de la voluntad amorosa sobrenatural de Dios.[17]En el fondo destaca que el existencial sobrenatural y la naturaleza están presentes en la experiencia humana.

Relación entre lo sobrenatural y natural
La apertura está presente en el corazón (καρδιά) del hombre de manera incondicionada. Hay un dinamismo provocado por el Espíritu y que nos dirige a Dios κράζομεν· ἀββᾶ ὁ πατήρ(cf. Rom. 8:15). Siempre Dios está presente por detrás de la experiencia. Entiéndase aquí deseo como apertura donde no hay coerción por parte de Dios. Lo dicho hasta aquí es conciliable con la gratuidad de la gracia.[18]Con la misma el hombre es capacitado para realizar su fin sobrenatural y consecuentemente su fin natural que es su pleno desenvolvimiento y realización.
De todas maneras se reconoce que la gracia no es meramente un estado cualquiera; incluso, no se la puede describir de modo suficiente.[19]En efecto, la relación entre la naturaleza y gracia debe pensarse con mayor rigor. Ranher subraya la interesante cuestión del por qué el hombre no pierde su naturaleza al dársele un fin sobrenatural.[20]En verdad, todo debe ser contemplado desde el Padre, que entrega a su Hijo (κένωσις) por amor a la humanidad bajo el dinamismo del Espíritu Santo (carácter trinitario).
Por último, lo que une naturaleza y gracia es la paradoja existente de un deseo natural de lo sobrenatural.

Vocación a la trascendencia por la gracia
Para Ranher, el punto de partida es el ser humano existente y no lo posible. Ahora bien, todo lo que el ser humano experimenta en si mismo no es su naturaleza pura, ya que él mismo no existe en estado puro sino que está orientado a la gracia y tal realidad tiene influencia sobre su manera de comprenderse.
Concretamente, el ser humano es el único ser existente que de manera consciente puede ordenarse a Dios y tenerlo como centro. Que seamos capax Dei, como criatura, es un don sobre el cual no tenemos derecho. Con todo, es un ser en dinámica continua, que puede crecer, experimentarse, comprenderse y orientarse a Dios. Se mantiene la distinción básica entre la naturaleza entendida como tal y la vocación gratuita a lo sobrenatural que la involucra. Compréndase esta vocación como llamada a la existencia sobrenatural, ya que la gracia afecta directamente a la naturaleza.
En pocas palabras, en el ámbito propiamente natural, el teólogo alemán reconoce una apertura en el ser humano porque es un ser dotado de racionalidad (animal rationale) y está llamado a la comunión con Dios.[21] Hay en nosotros una potentia oboedientialis.

Carácter pneumatológico de la gracia
El hombre recibe este amor en el Espíritu Santo y en el Evangelio.[22] En concreto, la gracia es un don del Espíritu Santo que permite al hombre ser un capaxsocietatis, dado que puede expresar gestos de comunión y solidaridad con los demás. Asimismo es capacitado para llevar la vida misma de Cristo (alter Christus). La búsqueda de una sociedad justa y solidaria siempre será pura acción del Espíritu Santo.
Mientras tanto,la ἐκκλησία es vista como espacio abierto por el Espíritu, un instrumento importante para que todos los hombres alcancen la salvación, en un dinámico proceso de comunicación con el mundo.

Dinámica trinitaria de la gracia
El hombre descubre la profunda entrega amorosa de Dios y como criatura amada lleva de forma concreta una vida trinitaria[23]; a partir de la revelación, se descubre que la gracia es el propio Jesucristo, enviado por el Padre, y orientado por el Espíritu Santo (dimensión pneumatológica). A modo particular, considero que cada persona divina opera y se comunica libremente con el ser humano, dándose un fundamento ontológico real de la vida y de la gracia (realidad salvífica y experiencia gratuita). En otras palabras, la Trinidad se comunica a sí misma como don absoluto del amor (autocomunicación), aunque continua teniendo un carácter misterioso (incluso en la visio beatifica).
Recogiendo lo más importante, Dios se comporta con nosotros de una manera trinitaria (s), demostrando de tal forma también la trinidad interna.  Si bien, dentro de la experiencia personal hay aspectos que competen a la fe y a la gracia, que pueden ir más allá de una conceptualización (verbalización).

Conclusión
Para Karl Ranher la relación entre la gracia y la naturaleza debe ser profundizada diversamente en comparación a la Teología de la naturaleza pura. Mantiene una propuesta nueva y contraria la concepción extrinsecistaque supone la gracia fuera e indiferente a la naturaleza; en la misma postura reduccionista la naturaleza es vista como norma hipotéticamente abierta a la gracia.
Entonces, ¿en qué consiste la propuesta de Ranher? en que hay necesidad de acentuar la interioridad de la gracia con respecto a la naturaleza y sin olvidar su carácter universal.
            Consecuentemente, la naturaleza está en orden a la gracia, es decir, una naturaleza siempre en contacto con la gracia salvífica de Dios.Indiscutiblemente, la gracia está implicada y actuante en el ser humano. Hace parte de nuestra vivencia porque ella es transcendental en nuestra historia.
            En resumidas cuentas, el ser humano como criatura de Dios, no agota, por su condición, la relación que posee con Dios. Es una criatura y al mismo tiempo mucho más que eso: es criatura llamada a la amistad y a la filiación. Es un sujeto predilecto llamado a participar de la vida misma de Dios.
            Para finalizar quiero presentar tres puntos a modo de consideraciones finales sobre la unión recíproca entre la gracia y naturaleza vista a partir de Karl Ranher:
- Aunque la gracia trascienda la naturaleza, sin embargo la presupone como sujeto, la gracia no destruye sino que perfecciona la naturaleza. En ese caso, debe ser recibida para convertirse en una nueva operación.
- La gracia perfecciona la naturaleza, es decir, entra en la persona; la sana para que el ser humano pueda desenvolverse y la eleva poniendo al hombre en comunicación con Dios.
- Existe un único fin al que está orientada toda la humanidad, estamos hablando del fin sobrenatural, de modo que es natural en el hombre ser asumido por la gracia como medio para alcanzar el último fin: la salvación eterna.

Por:
Religioso barnabita estudante de Teologia na PUC-CHILE.




[1]Rahner Karl, Sobre la relación entre la naturaleza y la gracia, Escritos de Teología I, Barcelona 1961, 325-347.
[2] Cf. De Lubac. Le mystère du surnaturel. (Paris: Ed. Aubier, 1965), pp. 92-93.
[3]Cf.  Ranher. p. 329.
[4]Ibidem, p. 331.
[5]Cf. Matheus Bernardes. Relação entre natureza e Graça – Breve apresentação histórica. (Revista: Cultura Teológica. N’ 86 Jul/Dez 2005), pp. 261-275.
[6] Cf.Ranher.  p. 334.
[7]Ibidem. p. 336.
[8] Ibidem. p. 331.
[9]Cf. Ranher. p. 341.
[10]Ibidem,p. 328.
[11]Pedro Alberto Kunrath. A situação do homem pecador e a necessidade da graça – Relação Natureza e graça. Revista Teocomunicação. (Porto Alegre: vol. 38, N. 161, 2008), pp. 348-359.

[12] Cf. Ranher, p. 329.
[13] Cf. AnnelieseMeis W. Antropología Teológica. Acercamientos a la paradoja del hombre(Santiago: Ed. UC, 2013), p. 721
[14]Cf.Ranher, p. 343.
[15] Ibidem. p. 344.
[16]Cf. Ranher, p. 346.
[17] Ibidem, p. 346.
[18] Ibidem, p. 341.
[19] Ibidem, p. 348.
[20]Cf. Ranher, p. 349.
[21] Ibidem, p. 345.
[22] Ibidem, p. 345.
[23]Cf. Ranher, p. 343.
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