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La salvación tiene una estructura sacramental

15 de outubro de 2015

En la Carta Encíclica del Papa Francisco Lumen Fidei (sobre la fe), afirma que la fe tiene una “estructura fundamental”, demostrando un carácter visible de la salvación, o sea, una capacidad inmanente que tiene de expresar lo transcendente, y que el cristianismo no puede y no debe ser entendido como un acervo de informaciones y datos, sino una memoria encarnada. El hombre moderno se ha tornado suspicaz mediante el universo sacramental, eso se da porque en la actualidad los símbolos ya no hablan por sí mismo, y a la vez, necesitan ser explicados, y eso según el texto hace con que la iglesia ha entrado en un proceso de momificación, cosa preocupante, ya que el símbolo pierde su actuación primera que es hablar por sí mismo. Si miramos desde los principios, con datos en la fe, podemos subrayar un primer punto. Desde Gn 1, el mundo ofrece instrumentos del Creador, para que el propio Creador actúe salvíficamente. La salvación se manifiesta de manera visible y eficaz. En el bautismo por ejemplo, esa manifestación salvífica se puede ser encontrada en las expresiones del agua, el aceite, el rito, que son símbolos que demuestran la actuación directa por medios de signos en el mundo, y también la encarnación misma del hijo, demostrando la preocupación de Dios con el hombre, ya que el Verbo se encarna para “nostra salutis causa”, y viene a salvarnos (conf. Gl 4, 4-5). Como afirma el papa en el número 40 de la Lumen Fidei: “… se comunica una memoria encarnada, ligada a los tiempos y lugares de la vida, asociada a todos los sentidos”, mostrando que da dimensión corpórea es instrumento de la intervención divina, es la resurrección de la carne.
Otro aporte interesante de la estructura sacramental de la fe es la experiencia cristiana, que no se reduce meramente en entrega de informaciones, sino en la memoria de encuentro y transmisión. “Lo que los apóstoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios; así la iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree”. (Conf. Lumen Fidei 40). La transmisión del cristianismo está bien fundada en la propia persona de Cristo, su vida y su historia. Comunica una persona viva y encarnada, y suscita en los creyentes el fervor por hacer la misma comunicación a toda la humanidad. Lo eclesial es clave para un encuentro de fe y sacramentalidad, haciendo un proceso catequético, posibilitando al sujeto una experiencia cada vez más profunda. Dentro de la misma lógica podríamos decir que hay dos experiencias de Dios en la vida del creyente que hace su encuentro personal por medio de la transmisión de Cristo. La primera dice respeto a cuando alguien habla de Cristo a mí, y la segunda cuando soy capaz de por mí, encontrarme totalmente con Cristo y esa experiencia es que suscita la fe y da sentido al sacramental que celebramos.
 En resumen, lo rico de afirmar que la fe prosee una “estatura sacramental”, está en el hecho de demonstrar una capacidad inmanente del ser humano en expresar lo transcendente y que el mensaje cristiano es una memoria encarnada, y por lo tanto, se expresa en un contexto comunitario, haciendo con que la fe y los sacramentos sean siempre actuales y, obviamente, actos eclesiales.

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